Quinta jornada del evento viñamarino en la que se venía la noche "Anglo", una de las jornadas más variadas en propuesta musical y que tenía uno de los números más esperados del evento, pero que terminó siendo el gran fracaso.
Comenzando inmediatamente con Maroon 5 no se puede omitir que ha sido probablemente de las peores presentaciones que un artista musical ha dado en la Quinta Vergara. Eso por tratar de resumirlo y es que la presentación tiene problemas en todos los sentidos.
Si bien se podría decir que hubo "buen sonido", no te sirve de nada si el vocalista desafinará en cada verso. Adam Levine se subió al escenario con una cara de tres metros y su banda tampoco manifestaba algo de emoción, fue un show por cumplir y que decepcionó a los fanáticos y televidentes del certamen viñamarino.
Iban a destiempo e incluso Levine omitía (porque sería el colmo que haya olvidado sus propias letras) versos de sus canciones. Una lastima para el número más esperado de este evento y que deja serías dudas sobre su presentación este viernes en Santiago.
A medida que el espectáculo avanzaba se fueron revelando las distintas exigencias de la banda, dentro de las que estaba que no los interrumpieran en su show, que no los miraran directamente a la cara y que recibirían todos los premios en backstage. Si bien esto ha sido punto de debate por diversos opinólogos, esto a mí parecer es lo menos relevante, porque un artista debe saber dar un buen espectáculo independiente de los premios o sus exigencias.
Morrisey también tuvo varios requerimientos que fueron criticado por toda la prensa, sin embargo el tipo sabía dar un buen show y no decepcionar a los seguidores. De nada sirve pedir sin dar nada a cambio, eso ocurrió con Maroon 5 anoche y pese a los reclamos posteriores de Levine (en donde se ha sospechado que no le informaron que era un show televisivo), eso no justifica ninguno de los errores para una banda de categoría mundial.
Sin embargo, el show debe continuar y ahora era el turno del humor con un conocido y favorito del público, nos referimos a Paul Vásquez "El Flaco.".
Su rutina presentó un stand up de ritmo más lento a lo que estamos acostumbrados y que se basó en separar al personaje de la persona. Si bien este hilo conductor se iba a ratos con chistes e improvisaciones que fue agregando, el resultado fue positivo gracias a un público muy receptivo al desarrollo de la rutina y una vez que ya estaban adentro, no pararon de reír.
Si bien el Flaco funciona mucho mejor con un compañero, eso no le restó mérito a su rutina que logró convencer con historias personales y anécdotas sobre la juventud durante los años 70's y 80's.
Pero lo que mucha gente estaba esperando era que Vásquez se manifestara frente al descontento social y si bien tiró diversas sutilezas respecto al movimiento, fue su bis el que le permitió entrar de lleno a criticar todo el acontecer nacional gracias a su chiste del loro. Un muy buen debut en solitario y que reforzó su cariño con el público.
Finalmente el cierre quedó en manos de Alexandre Pires, quien pese a no tener la Quinta Vergara llena se lució con una presentación de primer nivel y de gran calidad en lo musical.
Repasó todos los éxitos de su carrera y los asistentes no dejaron de cantar cada una de sus canciones, que pasaban de las baladas a ritmos mucho más tropicales. Un perfecto número de cierre y que vino a quitar la amargura dejada por la aparición de Maroon 5.
El brasileño se llevó todos los premios, con una Quinta Vergara completamente entregada. No obstante, las cosas no podían seguir del todo bien y nuevamente el artista fue cortado por la intervención de los animadores para despedir el evento.
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Esta era una de las noches más esperadas y una de las más dispares en estilos, pero nadie esperaría que sería la noche peor evaluada gracias a que su número principal terminó siendo un fracaso, destacado incluso en la prensa internacional.
Si bien El Flaco logra ir quitando el mal gusto de esta noche, no se entiende cual es la idea de cortar a Pires cuando se estaba realizando un muy buen show que varios espectadores estaban disfrutando. Viña 2020 ha dejado la sensación que sólo el primer artista importa y que el segundo no merece extenderse más allá de la hora.
Por Felipe Pino Guerrero

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